ISABELLA
Entré al baño intentando mantener la compostura mientras escuchaba los tacones de Sarah siguiéndome detrás. La puerta se cerró apenas ambas entramos y por un segundo el ruido de la fiesta quedó completamente apagado.
Silencio.
Tensión.
Y esa sensación horrible en el pecho que Sarah siempre conseguía provocarme.
Ella se acercó al lavabo con absoluta tranquilidad, como si estuviera en su propia casa, y empezó a acomodarse el cabello frente al espejo.
—Primero que nada —dijo finalmente—,