DAMIÁN
La peor parte no era verla.
La peor parte era fingir que no me destruía hacerlo.
Cada mañana bajaba las escaleras de la mansión sintiendo el pecho apretado porque sabía que podía encontrarla en cualquier momento. En la cocina. En el jardín. En el comedor.
Y aun así seguía buscándola con la mirada.
Como un maldito masoquista.
Las fotos de la boda seguían colgadas en las paredes principales de la casa. Sonrisas perfectas. El gran matrimonio Villalobos-Montenegro. La pareja ideal.
Mentira.