ISABELLA
El lugar al que llevé a Sofía estaba a solo unas calles de la empresa. Una cafetería pequeña, elegante, tranquila, el tipo de lugar donde ejecutivos agotados fingían relajarse mientras respondían correos desde sus teléfonos.
Nos sentamos junto al ventanal.
Yo pedí café.
Ella un té frío.
Por un momento ninguna dijo nada. Sofía acomodó las manos sobre su vientre y yo me descubrí mirándolo otra vez.
Era extraño.
Doloroso también.
Porque aquella barriga enorme hacía que todo se sintiera de