ISABELLA
Desperté con el cuello rígido y un dolor punzante en la espalda. Durante unos segundos no entendí dónde estaba. La luz gris de la mañana entraba por los ventanales del departamento, el televisor seguía encendido en silencio y una manta había caído al suelo durante la noche. Yo seguía acostada sobre el sofá, todavía con la misma ropa del día anterior.
Parpadeé varias veces. La confusión duró apenas unos segundos. Después lo recordé todo: la cocina, mi madre, Damian y aquella palabra cay