ISABELLA
No. No. No.
La palabra resonaba dentro de mi cabeza una y otra vez, golpeando las paredes de mi mente mientras observaba a mi madre frente a nosotros. Era imposible. Simplemente imposible. Sentí que el tiempo se detenía, como si alguien hubiera presionado un botón invisible y el mundo entero hubiera dejado de moverse. La cocina seguía allí, intacta, con la cafetera encendida, el aroma del café flotando en el aire, la luz del sol entrando por las ventanas. Todo parecía normal, pero nad