DAMIÁN
Desperté mucho antes que Isabella.
Pero no me moví.
No podía.
Ella seguía dormida sobre mi pecho, completamente abrazada a mí, con una de sus piernas enredada entre las mías y el rostro escondido contra mi cuello como si aquel fuera el lugar más seguro del mundo.
Y eso me estaba destruyendo lentamente.
Abrí los ojos despacio, todavía sintiendo el peso tibio de su cuerpo sobre el mío y durante unos segundos me permití simplemente observarla.
El cabello claro desordenado sobre la almohada.