No debería haber ido. Esa era la conclusión a la que llegaba una y otra vez mientras permanecía apoyado contra una de las vallas metálicas instaladas cerca de la zona de salida, oculto detrás de una gorra negra, unas gafas oscuras y una sudadera gris que me hacía parecer cualquier cosa menos el hombre que aparecía con frecuencia en las portadas de revistas financieras.
No debería haber ido. Tampoco debería haber comprado el boleto a España. No debería haber firmado aquella carta de renuncia dir