REBECA
Pasé todo el día deambulando por las calles de Berlín, sintiendo que el frío me calaba hasta los huesos, pero el hielo que llevaba en el pecho era mucho más difícil de soportar. Caminé sin rumbo por el Tiergarten, viendo a la gente pasar con sus vidas normales, mientras yo trataba de procesar cómo todo se había desmoronado en cuestión de segundos. La imagen de Héctor cargando a Greta, mirándome con ese desprecio absoluto, se repetía en mi mente como una película de terror.
Llamé a Bety a