Mundo ficciónIniciar sesiónREBECA
Mandarino ya se había adueñado del tapete frente al ventanal, ignorando por completo que estábamos a miles de kilómetros de su rincón favorito en el DF. El gato estiraba sus patas con una arrogancia que yo no lograba imitar. Yo en cambio, seguía de pie en medio de la estancia principal, el penthouse de Héctor en Berlín no era una casa; era una declaración de lo que alguna vez fue su imperio.
Todo en el lugar g







