REBECA
Héctor creía que podía domarme con su tono de CEO y sus órdenes, pero no tenía idea de con quién se estaba metiendo. En cuanto escuché el agua de la ducha correr, me escabullí, no iba a quedarme ahí encerrada esperando a que él decidiera cuándo podía salir a respirar o qué tipo de conducta era apropiada para mí. Regresé a mi habitación a toda prisa y busqué en mi maleta un bikini rojo intenso, de corte brasileño, que dejaba muy poco a la imaginación y gritaba por atención desde cualquier