Mundo ficciónIniciar sesiónREBECA
El aire frío de la calle me golpeó la cara, pero no fue suficiente para despejar la neblina de tequila que me bailaba en el cerebro. Héctor no me llevaba de la mano; me arrastraba con una determinación que rayaba en la furia.
—¡Suéltame, Héctor! ¡Me estás lastimando, animal! —grité, intentando plantar los pies en la banqueta, pero él ni siquiera se inmutó.







