Mundo de ficçãoIniciar sessãoREBECA
Mandarino me observaba desde lo alto del librero, con sus ojos fijos en el sobre amarillo que descansaba sobre la mesa del comedor. Dentro iba mi manuscrito y la cesión de derechos firmada ante notario. Ya no quería esa historia; cada vez que intentaba leer un párrafo, escuchaba la voz de Héctor Stein y sentía el peso de su engaño. Se la estaba regalando para que me dejara en paz, para que su objetivo se cumpliera lejos de mí.







