REBECA
El restaurante a la orilla de la Presa de la Boca estaba a reventar. El sonido de las bandas de música norteña se mezclaba con el chocar de los tarros de cerveza y los gritos de los meseros. Bruno y Majo ya estaban sentados en una mesa con una vista privilegiada al agua, pero para llegar hasta ellos teníamos que cruzar un pasillo estrecho atestado de hombres que ya llevaban varios tequilas encima.
Sentí la mano de Héctor en la base de mi espalda, no era un roce ligero; era una presión fi