Mundo ficciónIniciar sesiónHEKTOR
Cerré la puerta de la habitación y me quedé un segundo apoyado contra la madera, tratando de que mis pulmones recordaran cómo inhalar oxígeno, el eco de los gemidos de Rebeca seguía retumbando en mis oídos y la presión en mis pantalones era ya un dolor físico que me nublaba el juicio.
—¡Ándale, Héctor! ¡No te me quedes ahí parado que el coñac







