Mundo ficciónIniciar sesiónREBECA
Los golpes en la puerta cortaron la pasión, Héctor no se quitó de encima de inmediato; se quedó ahí, con el peso de su cuerpo hundiéndose en el mío y la mandíbula tan apretada que juraría que sus dientes iban a estallar. Sus ojos grises, oscuros por el deseo, estaban fijos en los míos, como si estuviera decidiendo si ignorar a mi padre o abrir la puerta y mandarlo todo al d***o.
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