REBECA
En Monterrey, el estatus se mide por el apellido, el diamante y sobre todo, por quién tienes al lado, durante años yo fui la que Javier dejó; hoy, el guion había cambiado.
—¡Rebe! ¡Pero si es la hija pródiga! —exclamó Mariel, una de mis excompañeras del colegio, acercándose con una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. Pensamos que la capital te había absorbido entre tanto libro y café.
—Ya ves, las malas hierbas siempre volvemos para las bodas, aunque sea para arruinarles el promedio d