29. Ahora eres mía.
Habiendo culminado con la tradición de emparejamiento, la loba blanca de Franchesca y el lobo negro de Alexander se adentraron nuevamente en la espesura del bosque, sus corazones latiendo al unísono con la adrenalina de la cacería. La luna llena brillaba sobre ellos, iluminando una vez más su camino hacia el templo de la diosa Selene.
Al llegar al templo, un aura de magia los envolvió. La loba blanca y el lobo negro se miraron a los ojos, y una conexión profunda e inquebrantable fluyó nuevament