Ronan dormía.
Por primera vez en semanas, su respiración era profunda y estable. Su cuerpo, normalmente tenso incluso en reposo, parecía haberse rendido al agotamiento acumulado. Un brazo fuerte rodeaba la cintura de Lyra, manteniéndola pegada contra su pecho, como si incluso en sueños temiera que ella volviera a desaparecer.
Lyra por otro lado no dormía.
Sus ojos permanecían abiertos en la penumbra de la habitación, fijos en el rostro de él.
Observándolo.
El silencio no era paz. Era un ca