Thomas dio un paso adelante, alarmado, pero se detuvo. Sabía que intervenir solo empeoraría las cosas.
Aaron no luchó. No apartó la mirada. Su rostro comenzaba a enrojecer por la falta de aire, pero sus ojos seguían firmes.
—No… he terminado —logró decir con dificultad.
Los dedos de Ronan se tensaron más.
—Entonces será mejor que lo hagas rápido.
Aaron respiró con esfuerzo y habló, cada palabra cortante:
—Ella lo sabe.
Un segundo de duda cruzó el rostro de Ronan.
—¿Qué?
—Sabe lo de su