—¡Formación interna! —rugió Ronan nada más aparecer en la frontera, su voz ronca y cargada de furia—. ¡Olviden la frontera! ¡Ya están dentro!
Los centinelas reaccionaron con la precisión de quien ha entrenado para el desastre. En cuestión de segundos abandonaron sus puestos en las torres y el perímetro exterior, convergiendo hacia el corazón de la aldea para crear un anillo defensivo alrededor de las casas y los civiles, pero ya era demasiado tarde.
Los Vargor habían llegado. Venían en sile