Cuando el claro quedó vacío, solo quedaron ellos dos. El silencio volvió suave e íntimo, Ronan fue el primero en moverse. No caminó: casi corrió. La tomó del brazo, luego del rostro, y finalmente la envolvió entre sus brazos con fuerza. Como si necesitara comprobar que seguía allí y seguía siendo suya.
—¿Estás bien? —preguntó, la voz baja y cargada de un miedo que no intentaba ocultar.
Lyra apoyó la frente contra su pecho. Cerró los ojos y, por un momento, se permitió sentirlo: el calor de su