El sonido de los pasos retumbó en el pasillo subterráneo con una cadencia imponente. No eran los pasos torpes de los guardias, ni el andar burlón de quienes se entretenían con el sufrimiento de Roan.
No.
Esta caminata era distinta.
Cada paso arrastraba la autoridad de alguien que jamás necesitó alzar la voz para ser temida, Sitara apareció en el umbral de la celda con una antorcha en mano. La llama proyectaba sombras afiladas sobre su rostro, haciendo que su belleza salvaje se tornara aún más p