El sonido del agua llenando la tina resonaba con un eco suave en la habitación de piedra. Las velas encendidas proyectaban sombras danzantes en las paredes, y el vapor comenzaba a cubrir los vidrios sucios de las ventanas, filtrando la luz con un resplandor cálido.
Calia se movía en silencio, con la bata de lino pegada a su piel por el calor y el cansancio. Observaba de reojo a Aleckey, sentado en el borde de la cama, su pecho desnudo subiendo y bajando con respiraciones pesadas. A pesar del cu