La habitación no había cambiado desde la última vez que Calia había estado allí. Desde que se había mudado a la aposento de Aleckey, no volvió a ingresar a su primer cuarto en la mansión del rey. Las paredes de piedra fría, el tocador de madera, las gruesas cortinas que impedían que el sol entrara por completo, pero ahora, todo lucía distinto. Más oscuro. Más vacío.
Como ella.
Habían pasado tres días desde que Draven la arrastró de regreso a la que alguna vez fue su prisión dorada. Tres días en