—Recuerda, si no controlas tu respiración, la daga controla tu brazo —dijo, con esa mezcla entre firmeza y cariño que solo él sabía conjugar con tanta naturalidad.
Las hojas crujían suavemente bajo los pies de Asher mientras giraba con elegancia la daga de hierro entre sus dedos, observando con atención cada movimiento de Luz frente a él,
Estaba concentrada, intentaba mantener la posición que le había enseñado. Sostenía su propia daga de plata con ambas manos, las cejas fruncidas en un gesto de