Tres días.
Ese era el tiempo que Darren y Alastair llevaban patrullando la frontera de la manada del norte, ocultos entre los árboles, esperando ver aunque fuera un rastro de Calia. Tres días sin respuesta. Tres días con los nervios al límite. Cada vez que el viento soplaba entre las ramas, el lobo de Darren gruñía con impaciencia. Alastair apenas había dormido. Ambos sabían que algo andaba mal.
Al amanecer del cuarto día, cuando intentaron cruzar la frontera con la intención de exigir respuest