Las noches se habían vuelto más frías desde que Aleckey dejó de compartir la cama con ella. Calia, sola en la inmensa habitación del rey alfa, se removía entre las pieles sin poder encontrar descanso. El espacio a su lado, vacío, parecía cada vez más grande y más cruel. Ni siquiera Jezebel se atrevía a hablarle. Su loba interna seguía distante, silenciosa, resentida por las decisiones que Calia había tomado… o quizás por las que aún no era capaz de tomar.
El viento soplaba con fuerza esa noche,