La noche era profunda y silenciosa cuando Aleckey sintió un tirón en su pecho. Abrió los ojos de golpe, jadeando, su cuerpo cubierto de una fina capa de sudor. No estaba en su habitación. No estaba en ningún lugar que reconociera.
A su alrededor, un bosque denso se extendía bajo una luna enorme y sangrienta. Las sombras danzaban entre los árboles, moviéndose con un ritmo hipnótico. Un viento helado le erizó la piel, pero lo que verdaderamente lo hizo contener el aliento fue la figura frente a é