La mañana siguiente Calia se fue temprano al templo y agradeció no a verse encontrado con Aleckey. Su mente solo reproducía la sensación de los labios del alfa sobre los suyos, no podía evitar que sus mejillas se sonrojen de pensarlo, de recordar su palma caliente en su nuca y el recorrido de su lengua en su labio inferior.
Durante las explicaciones que daba una chica a la que Astrid ese día dejo a cargo de sus enseñanzas, Calia no pudo prestarle atención a nada más que a la renombrada fiesta q