Los siguientes días las cosas eran más complicadas en el interior de Calia, ella era acompañada por Aleckey hasta el templo y este se despedía de ella arrancándole de sus pulmones todo el aire con besos que la monja no evita, ni apartaba. No era capaz de rechazarlo, no cuando llevaba una lucha dentro.
Por otro lado, Aleckey apenas estaba sentándose en una silla en el salón de guerra por una audiencia inesperada. Los miembros del consejo estaban sentados alrededor de una mesa de roble macizo, su