Los aromas de pan recién horneado, carne asada y frutas maduras se mezclaban con el bullicio cotidiano. Zadkiel caminaba con paso seguro entre la multitud, la cabeza erguida, los oídos atentos a cada vibración. Aunque sus ojos no podían ver, conocía ese lugar como la palma de su mano. Lo sentía.
A su lado, Endel, el hijo de Taylor, iba contándole lo que veía. El pequeño de estatura, algo más tímido y siempre cauteloso, admiraba a Zadkiel como a un hermano mayor, como a un héroe. Para él, nada