—Dimitri —gruñó Aleckey, su voz impregnada de desprecio.
—¿Quién es ese? —interrogó Calia mirando la tensión en las facciones de Aleckey.
—Antes un poderoso aliado mío, pero ahora un enemigo público —es la única explicación que da y Calia solo pudo suponer que ahora ese hombre estaba en su contra porque ella era su mate.
Aleckey se volvió hacia ella con una mirada sombría.
—Quédate aquí. No salgas bajo ninguna circunstancia —ordenó, pero Calia negó con la cabeza.
—Si esto tiene que ver con