52. LA SORPRESA INESPERADA
LUNA ARTEMIA:
Mi padre y yo nos mirábamos fijamente, como dos titanes en una batalla silenciosa, donde solo el más fuerte prevalecería. Su mirada, que una vez me había hecho temblar, no lograba moverme ni un ápice. La seguridad que emanaba de mí ahora era un manto que cubría cada rincón de mi ser. Dentro de mí resonaban los ecos de una autoridad recién descubierta; la Luna que siempre había vivido en las sombras finalmente brillaba. Él, mi enemigo, el monstruo del pasado, empezaba a dar pasos