37. PROMETIDOS

KAELA:

Miré a mi Beta, que parecía nervioso; mi olfato me decía que no era él, sino que estaban tratando de separarlo de mí. Miré a Kaesar, quien al parecer tenía mis mismas sospechas.  

—Mi alfa, alfa Kaesar —habló el Beta, cayendo de rodillas delante de mí—. Juro que no tengo nada que ver con esto. Le he sido fiel toda mi vida al alfa y a la manada.  

Caminé despacio y cerr&eac
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