36. LOS INTRUSOS

KAESAR:

Me acerqué despacio a la ventana. Podía escuchar el roce de las garras contra la piedra, cada vez más cercano, siguiendo exactamente la misma ruta que yo había trazado minutos antes. Me mantuve en las sombras, conteniendo mi energía para no alertar al intruso, mientras escuchaba el familiar patrón de movimientos: primero la cornisa del primer piso, luego el saliente de piedra, y ahora las enredaderas que trepaban hasta esta ventana.

El aroma que llegaba desde el exterior m
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