124. EL INTENTO DE TOMAR LA DAGA
KAELA:
El corazón me latía con fuerza, resonando con el eco de aquel latido que parecía emanar de la misma tierra. Los Jardines Sombríos, con sus sombras danzantes, susurraban secretos que solo los valientes se atrevían a escuchar. Cada paso que daba resonaba en el silencio, un acto de desafío personal contra el inmenso poder que se manifestaba ante mí.
La Daga del Infinito no solo era un arma; era un simbolismo de nuestra herencia, de una línea de sangre que nos hacía fuertes, invencibles. La