119. LA INCREDULIDAD DE KAESAR
KAELA:
Kaesar parecía en shock. Su rostro, normalmente firme y decidido, estaba teñido de incredulidad. Pero no había tiempo para dudas. Las paredes de la cueva parecían crujir con cada paso de la criatura, y el aire se llenaba de un hedor acre, como si la propia oscuridad se hubiera impregnado en la piedra.
—¡Kaesar, muévete! —grité, tirando de su brazo con todas mis fuerzas.
Finalmente reaccionó, pero el dolor en su mirada era casi palpable. Lo entendía. Era difícil aceptar que alguien que de