118. EL EXTRAÑO LOBO
KAELA:
Nina se sobresaltó, tomándome del brazo para estabilizarse. Sus ojos, que antes brillaban con incertidumbre, estaban ahora llenos de de terror y urgencia.
—No hay tiempo, debemos salir de aquí —dijo con voz rasposa. —Llamé al Alfa Kaesar, mi Luna.
Pero yo no podía moverme ni tampoco llamarlo. Sentía cómo el frío se apoderaba de mis extremidades, como si el eco de aquel aullido le hablara a algo escondido dentro de mí, algo que había estado dormido toda mi vida.
—¡Alfa Kaesar! —gritó Ni