El sabor metálico volvió a su boca antes de que pudiera evitarlo.
Clara se inclinó sobre el lavabo del baño de Paula, con la frente sudorosa y las manos aferradas al borde de la cerámica. No era la primera vez esa semana. Y probablemente no sería la última.
—Genial —murmuró con voz ronca—. Buenos días, náuseas.
Se enjuagó la boca y se miró al espejo. Tenía ojeras, la piel más pálida de lo normal y ese brillo en los ojos que no sabía si era cansancio, miedo o… pura ansiedad.
Cuando salió, Paula