La pantalla mostraba en bucle las imágenes del aeropuerto. La cámara de seguridad captaba con precisión quirúrgica cada segundo del operativo. Valeria gritaba algo ininteligible mientras era esposada. Fernando, en cambio, había intentado huir, lo que solo aceleró su caída. Los agentes lo habían reducido en el suelo como a cualquier otro criminal.
Gonzalo no apartaba la vista. No pestañeaba. Sus nudillos, blancos por la presión con la que sujetaba el mando a distancia, temblaban apenas. La grabac