Las maletas estaban abiertas sobre la cama, medio llenas de ropa, documentos y billetes. El ambiente olía a perfume caro, rabia mal contenida y miedo.
Valeria lanzaba ropa al interior de su maleta con violencia. Fernando cerraba la laptop, desde donde había hecho la última transferencia.
—¿Sabes qué? —soltó ella, sin mirarlo— Me equivoqué contigo.
Fernando la miró, apretando la mandíbula.
—No es momento para reproches, Valeria.
—Me equivoqué desde el principio. Me dejé influenciar por mi padre,