—¿Qué sabes de Mateo? —preguntó Martina, mientras pellizcaba distraídamente un cupcake —. Lleva como tres días sin escribirme.
Clara levantó una ceja.
—¿Tú no habías dicho que lo vuestro fue solo un revolcón ocasional?
—Y lo fue —replicó Martina, encogiéndose de hombros—. Pero ocasional no significa desechable.
—Claro, claro… —dijo Paula, levantando ambas cejas—. Por eso estuviste quince minutos mirando si había visto tu historia en I*******m.
—¡Eso fue pura curiosidad!
—Martina, cariño, te lo d