El portón del jardín estaba entreabierto. Gonzalo se bajó del coche con el corazón acelerado y un ramo de flores silvestres en la mano. No había dormido bien desde la última vez que la vio. Clara seguía siendo un muro que no terminaba de ceder… pero él ya no buscaba derribarlo. Solo estar. Acompañarla. Y sí, tal vez, algún día, volver a entrar en su vida de otra forma. Pero por ahora, solo quería ser parte de esa nueva vida que estaba por llegar.
Llamó al timbre. Una. Dos veces. Se oyó movimien