La música seguía envolviendo el ambiente con esa melancolía elegante que parecía diseñada para las noches en las que uno no sabe si está celebrando o despidiéndose de algo. Las copas tintineaban suavemente, las risas eran bajas, contenidas, como si todos intuyeran que aquella no era una fiesta cualquiera.
Don Rafael se deslizó entre los invitados con su bastón de madera oscura y esa mirada aguda de quien observa sin ser notado. Hizo un gesto discreto a Mateo, que lo entendió al instante.
Se apa