Antes de llegar junto a Paula y Martina comenzó a sentir náuseas. Necesitaba aire. Necesitaba… escapar. Pero el aire era espeso, caliente, lleno del perfume de las flores y del peso de una mirada que seguía clavada en su espalda.
Gonzalo.
Volvió a sentir ese nudo en el pecho, la mezcla brutal entre amor y rabia. No podía perdonarlo. No así. No tan pronto. Miró al costado y vio la puerta que iba hacia la terraza, caminó sin hacer caso de nada al salir sintió el aire fresco, los aspiró con profun