El aire entre ellos pareció cargarse de electricidad. Aurah dio otro paso adelante.
—¿Y qué sientes exactamente?
Ashton rodeó el escritorio, acortando la distancia entre ellos hasta quedar a apenas un metro.
—Sabes lo que siento.
—Quiero oírtelo decir —insistió ella—. Sin paredes de cristal, sin excusas de profesionalidad. Solo tú y yo.
Los ojos de Ashton se oscurecieron, y Aurah vio cómo su autocontrol comenzaba a resquebrajarse.
—Siento que me estoy volviendo loco —confesó finalmente—. Pienso