Aurah se giró en sus brazos, sorprendida por la invitación.
—¿Estás seguro? Pensé que querrías mantener esto...
—¿En secreto? —completó él—. Sí, probablemente deberíamos. Pero eso no significa que no pueda invitarte a cenar.
Ella sonrió, besándolo ligeramente.
—Me encantaría.
Salieron de la oficina separados pero conscientes el uno del otro, como imanes que sienten la atracción incluso a distancia. En el ascensor, sus dedos se rozaron brevemente, un recordatorio de lo que acababan de compartir.