*Lara*
La tarde cayó sin que ninguno de los dos dijera en voz alta que se estaba acabando. El sol entraba ya más bajo por las ventanas, tiñendo la casa de tonos cálidos que hacían que todo pareciera más lento, más íntimo, como si el tiempo se resistiera a avanzar. Adrián estaba recogiendo algunas cosas del despacho, cerrando el portátil con calma, sin prisas reales. Yo lo observaba desde el sofá, con esa sensación rara de querer grabarlo todo en la memoria.
—Creo que ya debería irme —dije final