Capítulo 85. ¿Qué hago?
Me quedé mirando la carpeta un segundo más, intentando procesar todo de golpe: la llamada, la oficina, la placa, el tono quirúrgico de Eleonor… y ahora, un maldito acuerdo de confidencialidad.
Ella me observaba con una serenidad que no tenía nada de pasiva. Era el tipo de calma que uno aprende después de años litigando contra monstruos más grandes que uno. Una calma que no se obtiene sin haber ganado… y aplastado.
Tragué saliva.
—No sé qué decir —admití, finalmente.
—No tiene que decir nada —re