Capítulo 84. Eleonor Valentini
Dormí poco o nada. No sabría decirlo.
Cada vez que lograba cerrar los ojos, lo único que veía era su mano sobre la mía, temblando.
Cada vez que respiraba, lo único que sentía era su perfume todavía suspendido en el aire del departamento, como si se negara a irse igual que ella.
Y cada vez que intentaba convencerme de que había hecho bien en dejarla marchar, recordaba la forma en la que se quedó en la puerta, inmóvil, como si quedarse hubiera sido su verdadero instinto.
Amanecí con las costillas